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El 20 de diciembre de 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una Resolución, en la cual exhorta a los Estados, al sistema de la ONU, a la sociedad civil y a todas las partes implicadas a seguir observando el 6 de febrero como el Día Internacional de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina, y a aprovechar la ocasión para mejorar las campañas de sensibilización y tomar medidas concretas contra la mutilación genital femenina.

La mutilación genital femenina es una violación abominable de los derechos humanos que afecta a mujeres y niñas en todo el mundo. Esta práctica supone una negación de su dignidad, pone en peligro su salud, causa dolor y sufrimientos innecesarios, y puede incluso provocar la muerte.

La mutilación genital femenina está arraigada en las desigualdades de género y los desequilibrios de poder y, a su vez, contribuye a mantenerlos porque limita las oportunidades de las mujeres y las niñas para hacer efectivos sus derechos y todo su potencial. Se calcula que unos 200 millones de mujeres y niñas que están vivas hoy en día han sido sometidas a esta práctica nociva, y cada año hay casi 4 millones más de niñas en situación de riesgo.

Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas. La práctica viola sus derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Gracias a un firme compromiso político, ya podemos observar cambios positivos en varios países. No obstante, si persisten las tendencias actuales, estos avances seguirán viéndose sobrepasados por el rápido crecimiento demográfico en las zonas donde esa práctica es más común.