• Estudia la secundaria en ICHEA y sostiene su vocación por la enseñanza a los niños

Con esfuerzo y perseverancia Ernestina Díaz Espino, de 81 años, cumple su mayor sueño: estudiar y compartir lo que aprendió con niños de escasos recursos, demostrando que la edad no es una limitación, pues ella tomó la decisión y comenzó a trabajar en su meta, aprendió a leer, escribir y ahora recibe su certificado de primaria en el Instituto Chihuahuense de Educación para los Adultos (ICHEA).

A pesar de su edad y de los problemas de salud que la edad conlleva, la señora Ernestina se acercó al ICHEA para estudiar y graduarse; comenzó desde de cero ya que no sabía leer y escribir y recientemente recibió su certificado de primaria… Ahora va por la secundaria.

Ella es originaria de la sierra Tarahumara de Chihuahua, vive en el municipio de Guachochi, y recuerda que desde su niñez se dedicaba al hogar y al trabajo del campo, lo que no le daba tiempo de estudiar.

Además de vivir en un lugar poco accesible, la escuela estaba muy lejos de su comunidad y sus padres no contaban con los recursos para pagar los estudios.

Creció con el deseo de aprender, de graduarse y ser maestra para dar clases a niños que viven una situación similar a la de su infancia.

Cuando formó su familia, continuó laborando para apoyar a su esposo y poder ofrecer una mejor vida y educación a sus 7 hijos.

Ahora, abuela de 12 nietos y 3 bisnietos, la ejemplar octogenaria decidió que ya era su turno y ya comenzó a estudiar la secundaria junto con 2 de sus hijos que asisten a las instalaciones del ICHEA en la plaza comunitaria de Guachochi.

Aquí, dice, encontró la oportunidad que siempre esperó ya que pudo estudiar de manera gratuita y muestra su alegría al enseñarles letras y números a los niños, mientras continua aprendiendo.

Bajo la premisa de que "nunca es tarde si uno se lo propone" Ernestina es un ejemplo para jóvenes y adultos de su comunidad siendo una estudiante dedicada y con firme determinación de completar la formación básica.

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